Así puedes cultivar un árbol frutal en maceta: cabe en cualquier terraza. Y, sí, puede dar fruta fresca

Es importante fijarse en la variedad y analizar sus necesidades concretas en lo relativo a luz, riego y fertilizantes

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No necesitas tener un gran jardín para disfrutar de fruta fresca cultivada por ti (otra cosa es que sea suficientemente abundante como para abastecer a los tuyos). Esto es así porque hoy en día, los mini árboles frutales se han convertido en una opción ideal para quienes viven en pisos o casas con poco espacio exterior.

Su tamaño compacto y su facilidad de mantenimiento los hace perfectos para terrazas y patios urbanos. En este caso, lo primero es elegir la variedad adecuada. Existen árboles frutales enanos de cítricos como limoneros y naranjos, así como de manzanos, cerezos y melocotoneros.

Estos árboles suelen estar injertados sobre patrones que limitan su crecimiento, permitiendo que prosperen en macetas de tamaño medio. En realidad, es fundamental elegir una maceta de al menos 40 centímetros de diámetro y con buen drenaje.

El sustrato debe ser rico en nutrientes y mezclado con un poco de perlita o arena para facilitar la aireación de las raíces. Un drenaje adecuado evita que las raíces se pudran por exceso de agua. Además, ahora que la sequía se evapora, no hay mejor noticia que esta para afrontar con solvencia el riego de tus frutales en casa.

El riego debe ser frecuente, especialmente en meses cálidos, pero siempre evitando el encharcamiento. Hay que colocar el árbol en un lugar donde reciba al menos seis horas de sol directo al día, preferiblemente por la mañana. La luz es clave para una buena floración y posterior producción de fruta.

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Fertilizante necesario

Durante la primavera y el verano es recomendable abonar cada tres o cuatro semanas con fertilizante específico para frutales. Esto ayuda a estimular el crecimiento y, especialmente, la fructificación. Además, es conveniente podar ligeramente para mantener una forma compacta y sana.

Aunque sean de tamaño reducido, estos árboles pueden producir fruta en abundancia si se cuidan bien. Algunos incluso comienzan a dar frutos en su segundo o tercer año. Además, su aspecto es decorativo y aporta vida y color a cualquier rincón del hogar.

Un beneficio adicional es que cultivar tus propios frutos nos conecta con el ciclo natural de las estaciones y fomenta una alimentación más consciente. También es una actividad relajante y educativa, perfecta para compartir en familia.

Foto | Gustavo Fring y Diana

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